miércoles, 11 de julio de 2012


Cuando nos enamoramos, nos ponemos idiotas. Hasta las mujeres mas sabias que conozco se vuelven idiotas cuando se enamoran. No soy todavía mujer, mucho menos sabia. De todas maneras, ¿de qué se enamora alguien cuando se enamora? ¿Te enamoras de la persona, o de la imagen que te hiciste en la cabeza de esa persona? ¿Te enamoras de lo que sos cuando estás con ella? ¿Te enamoras de lo que sentís? Te enamoras como un idiota aunque sabés que va a terminar mal. Que todas las historias de amor, incluso las mas rosas, terminan mal. Pero a mí, la reina de las estúpidas me había pegado feo. Porque me había enamorado de una persona con el corazón en silla de ruedas. Un corazón inhabilitado, un corazón que le corresponde a una persona de ciento dos años, un corazón podrido, enterrado.

Yo creo que el amor, como el deseo, no se puede distinguir de la obsesión, son casi lo mismo. Conozco parejas de novios que juran estar muy bien, pero que cuando rompen siguen sus vidas. ¿Cómo? ¿No se amaban tanto? ¿Cómo pueden seguir viviendo si se amaban tanto? Entonces no se amaban. Decían que se amaban. Mentían. Exageraban porque se lleva, queda bien decir que uno ama a alguien, pero no amaban una mierda. Siguen sus vidas como si hubieran dejado una banda, o un grupo de estudio en la facultad, ¡no como si hubieran dejado al amor de sus vidas! Y esto me da una pauta: hay distintos grados de amor. Yo amo en el Grado Primero, en el más grave, aquel del que no se vuelve. Uno no puede enamorarse y romper y seguir con su vida. Por lo menos yo no puedo. Sí, puede que sea obsesiva, sí, puede que hasta me traten de enferma, pero lo otro no es verdad
ero amor. No me jodan.

Chubasco -  Cielo Latini

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